La imagen del día de hoy es: el Fractal.
Pensá con nosotros las relaciones entre el fractal y la creación cultural escuchando y leyendo el contenido de este programa.
Escucha el audio de este programa haciendo click acá.
Editorial
El tren pasó y sentimos que debíamos subirnos. El tren siempre nos pasa a buscar. Espera. De pronto, lanza un grito y parte. Pero vuelve. Porque su sentido está en que, en cada estación, alguien aguarda su llegada. No elige llevar a nadie en particular, simplemente es el lugar de todos.
Nosotros subimos una tarde de marzo. Teníamos mucho peso, mochilas enormes, como las que llevamos todos. Pero alguien nos ayudó a pisar en el estribo antes de que el tren se ahogara en un grito. Un pequeño boleto apresábamos entre los dedos, pero no tenía demasiada importancia. Lo más importante era el viaje y no el destino. Y pronto nos dimos cuenta de que éramos varios los que nos encontrábamos galopando sobre el lomo de una misma lógica. Queríamos frenar algo y, al mismo tiempo, sumarnos a un viaje ya iniciado.
No entendíamos por qué debíamos seguir el ritmo impuesto por un sistema capitalista al que lo único que le importa es ponernos en circulación. Un sistema capitalista que nos vende una identidad bajo una falsa etiqueta, mientras que nos quita la única identidad posible, la que se construye colectivamente. Un sistema capitalista que nos marea mezclando los colores en una pantalla televisiva que por todos lados se desborda, porque no puede o no quiere o le conviene que se desborde. Y lo que es peor de todo, un sistema capitalista que no es nada en sí mismo, si no fuera que personas como nosotros, hicieran algo para que esa lógica de lo móvil, lo fluido, lo superficial, se mantenga en pie.
Nuestro grito se unió al del tren. La cáscara del traje individual fue desprendiéndose a medida que fuimos notando que, cada uno de nosotros estaba convencido de querer cambiar algo.
Nos convertimos en un punto de fuga. Desde nuestro interior más egoísta habíamos salido expulsados y ahora ya éramos un grupo. El tren seguía parando. Y decidimos que queríamos unirnos y ser como un tren de vagones infinitos; al que cualquiera pudiera subir. Queríamos bifurcarnos en numerosos rieles que nos llevaran a numerosos lugares.
Cuando uno decide subirse a un tren sabe que éste va a parar en todas las estaciones y no sólo en la suya. Quien se sube a un tren se sube también al desafío de compartir su viaje con alguien más. Y quien ha subido más de una vez, sabe que ninguna de las personas es indispensable pero que, si no las hubiese, tampoco habría tren.
Así fue como llegamos a esta radio para sumarnos a un proyecto ya iniciado. No nos interesó decir algo en ninguno de los grandes medios que comercializan hasta con la miseria de la gente y no crean nada, sino que reproducen, porque alguien les dijo que el rol del periodista no es dar soluciones. Y son totalmente concientes de ser funcionales a ese sistema que, a cambio, les promete la perpetuidad eterna en una pantalla que refleja como quiere aquello que tiene causas demasiado profundas. No nos interesó llevar nuestra propuesta a ninguna gran radio que nos rechazara antes de rozar el marco de la puerta, alegando que el tal pepito director de la radio no podía atendernos en ese momento y que teníamos que volver en diciembre del 2025 cuando un meteorito nos haya reventado a todos. Esas radios cuyos eslogans se parecen cada vez más a la venta de un producto, no nos interesaron.
Tampoco nos interesó reducir nuestro programa a un esquema de jerarquías que hace que la palabra de uno siempre sea superior a la del otro. Temiendo a que el trabajo en conjunto termine por arrebatarles la identidad, un periodista se erige como el fuego en medio de una tribu. Los demás, se van acomodando y, de este modo, con la excusa de que decir nombre y apellido es hacerse cargo, se nutren con el individualismo más pleno.
Quizás en un lugar así sí hubiésemos tenido que hacer un croquis de nosotros mismos, pero no elegimos un lugar así y, por ende, no elegimos nombrarnos. Y eso no significa perder la individualidad sino el individualismo.
La lógica que intentamos construir en este pequeño espacio y que seguiremos construyendo es la del cooperativismo en oposición a un individualismo que tenemos tan arraigado producto de los productos de mercado.
Tal cual un tren, en cada programa, nuestra ubicación fue espontánea. Cuando uno sube a un tren, no hay lugares asignados… y, sin embargo, qué bien se organiza la gente ¿no? ¿Quién nos llevó a creer lo contrario entonces? Sin nombres, sin lugares asignados de antemano, sin decirle a ninguno de nuestros compañeros en qué estación debía subirse o bajar, continuamos. Y ya no somos los mismos. Si antes éramos concientes de que el camino era imposible en soledad, ahora lo llevamos a la acción. No estamos solos.
Cada programa fue para nosotros una parada, un detenimiento del flujo. Cada programa tenía una historia derivada del anterior que le daba sentido. Cada una de nuestras creaciones eran derivaciones de otras creaciones y así, infinitamente, tal cual un fractal, como una fuga de puntos.
El mar contiene al mundo
El mar contiene el mundo.
No nos deja olvidar.
Cada ola es un recordatorio
bramando nuestra muerte hacia la orilla.
de Rosana Acquaroni
Bajamos este audio en A media voz.
A ellos agradecemos.
Podés bajar este audio en la sección “Descargas en fuga”.
Nace un fractal, todos los días sale el tren
Manual de instrucciones para la construcción casera de un fractal sonoro:
Ingredientes:
Resultado final:
Pregunta:
¿A qué otro sonido se asemeja nuestro fractal sonoro?
Respuesta:
Podés bajar este audio en la sección “Descargas en fuga”.
Radioteatro
Podés bajar este audio en la sección “Descargas en fuga”.
Los límites movibles
Frente a las vidrieras del mundo
los brazos buscan unirse en su variedad,
portando el corazòn alienado
un icosaedro galàctico en miniatura.
Repetidas modificaciones sobresalen
huyendo de las manipulaciones temporales.
Tolerantes ante todo un orden, su libertad
es una ondulaciòn pendular.
Frecuentes hilvanaciones concentran su telaraña
en un centro dinergètico compartido, que
despliega sobre un patio de losetas las geometricas
evoluciones de fusionarse siendo diferentes.
Rucio panal subrepticio de cooperativismo
subido al vaiven de los cumulonimbos que
cambian como moscardones sus aureas figuras,
entrando, insistiendo penetrar la gigante piña astral.
con música: “Mandelbrot”
descargado en Fractovia
A ellos agradecemos.
Podés bajar este audio en la sección “Descargas en fuga”.
Crónica: "Pequeño pirata ilustrado"
Hace unos cinco años, todavía no estaba diseñada completamente la venta ambulante en los trenes de compilados musicales. El vendedor sobrevuela la carroña del sistema productivo, y guiado por un perfecto pensamiento económico y el instinto de supervivencia, se hace visionario y, a pesar de su desventaja de capital, es quizá el empresario más virtuoso. Creo haber conocido al precursor de esta changa. Entró en la escena del vagón, su instrumento, un radiograbador sobre el hombro (triste que no pueda ser un rapero). Son característicos de la incursión la imprecisión, el error, y la ineficacia. Él aún no calculaba que el negocio no era tal si usaba pilas comunes en vez de baterías recargables en su equipo. “Ante todo quiero pedirles perdón por el ruido de la música”, dijo el vendedor. El oxímoron ruido-música me despertó. Nos saludo y otra vez volvió a darle a la perilla del volumen, él era actor, director, montajista; un potencial hombre orquesta, porque todavía no estaba ajustada la mecánica del automatismo. Dejó sonar la música, Madonna, Britney Spears, Coldplay, clásicos de los 80´, una oferta diversa, como distintos lugares de una misma cosa. Todos en ese vagón habíamos escuchado alguna vez esos temas, y probablemente teníamos varios de ellos en casa. Pero el orden de los temas en ese compilado presentaba una aparente originalidad, de alguna manera era algo útil para comprar. Además podías llevar dos por cinco pesos; era más fácil comprarlo que buscar en nuestras discotecas y recuperar esos artistas. Dos veces más volvió a subir y bajar el volumen (era necesario racionar la energía de las pilas) y con un tema de Montaner, que recordé por la película Aladino, llegó al climax del episodio; vendió cerca de seis discos en un mismo vagón, un balance más que positivo.
En esa ocasión me llamó la atención que alguien se dedicara a grabar temas que otros hacían, compilarlos en un CD virgen, copiar una serie de ellos, y salir a venderlos. Me resultó demasiado reproductivo en comparación a los tipos que tocan la guitarra y cantan en el tren, porque aunque ellos repiten una y otra vez los temas a lo largo de los vagones, y miden el tiempo de su música según los momentos de ascenso y descenso de la formación para aprovechar la cantidad de pasajeros y el silencio, siempre se escapa una cierta contingencia, las versiones son interpretaciones en fin, los pasajeros colaboran o no, y si lo hacen no hay un precio estipulado. De alguna forma, cada vagón es un episodio distinto. Pero el vendedor de compilados empezó a circular de vagón en vagón, de tren en tren, a lo largo de las horas y las semanas. Gradualmente se fue especializando, se convirtió en un experto, tecnificó la changa y la convirtió en rubro. Si había algo de él en lo que empezó comerciando inicialmente, eso desapareció en la fusión homogénea de una actividad compilada, un prototipo listo para reproducirse idénticamente al infinito de la rentabilidad. Un buen día, un compilado ingresó al vagón. Aunque creo que no fue un día sino varios, y no fue uno sino muchos compilados. Es difícil distinguir, sólo puede decirse que fueron muchos por cantidad. “Qué tal buen día, qué tal buen día, qué tal buen día… a sólo cinco pesos, a sólo cinco pesos, a sólo cinco pesos…”. Idéntica presentación, producto y cierre en cada vagón, en el medio un papel carbónico. Una señora le preguntó algo que ya otro interrogo en otra ocasión y no respondió como antes, la respuesta fue la misma. No improvisa gestos, ni ademanes, y menos palabras, el compilado simplemente suena. No nos miramos, no habría dónde ya que no hay rostros. Nos deja el disco sobre los muslos, no hay ruidos en esa comunicación, si hay conexión es entre la mercancía y nosotros. Ya no es necesario administrar las pilas, el equipo se alimenta de una batería que puede recargarse en unos minutos desde algún toma corriente en cualquier estación, el volumen es constante y no permite otra posibilidad. Este disco es reciclaje de reciclajes, el mismo montaje musical reproducido a gran escala, alguien que compila y reproduce, y vende a otros que comercian eso reproducido, y reproducen el comercio de comerciar lo reproducido, y se reproducen, y se pierden. Todo se reproduce, y lo que queda es lo reproducible.
Dos versiones de Pez
Pez se reversiona a sí mismo en este montaje de “Respeto”:
Podés bajar este audio en la sección “Descargas en fuga”.
Escalera
Hoy bajé, por fin, las escaleras que tantas veces subieron por mi pierna. “Triste” pensé.
“Debes estar mal”, me dije para tomar el aliento que recubrió mis temores. Falsos pensamientos me acompañaron. Nunca los pensé y, fieles a su creador, se dibujaron mientras observaba los escalones. Pedazos de roca que alguna vez fueron verdugos, ahora se recubren uno tras uno, esperando que sea otro quien reciba el primer beso.
Como el amante que me hubiese gustado ser, empiezo sin energía. Erecto frente a mi fe, me compongo de coraje: ¡sed e irritación efímera! Acaricio cada peldaño. Cada adoquín es una melodía distinta, un pétalo que recordaré en cada vida, lo que sobreviva a cada vida.
Grises, negros y blancos escalones. Desconozco sus voces, pero escucho sus reclamos. “Innoble” gritan algunos, “tonto” prefieren otros; ninguno siente real lastima por mí. Pero yo, leproso, fatigado y orgulloso, me envuelvo en mis brazos de metáfora. Sucio y tranquilo, junto mis pedazos que son ya de todos; recompuesto, me mezclo con el mundo. Pateo las esperanzas ajenas, y con ello termino con las propias. Aunque las diferencias, aunque las diferencias las creemos juntos.
con música: “Dexia”
descargado en Fractovia
A ellos agradecemos.
Podés bajar este audio en la sección “Descargas en fuga”.
Los destinos de Pachelbel
En 1680 Johann Pachelbel compuso su famoso Canon en Re mayor.
Numerosas canciones contemporáneas se estructuran en base a la misma secuencia de acordes que aquel músico diseñó.
En el siguiente montaje, algunas de ellas se alinean, entonando en conjunto un homenaje pop al compositor alemán.
Participan:
The Beatles (Let it be)
U2 (With or without you)
Aerosmith (Cryin’)
Green Day (Basket case)
Avril Lavigne (Sk8ter boy)
Bob Marley (Woman no cry)
La idea para el montaje nos la inspiró Rob Paravonian.
A él agradecemos.
Podés bajar este audio en la sección “Descargas en fuga”.
Banda de sonido
- Politic amagni (Amadou & Mariam)
- Bienvenidos al tren (Sui Generis)
- Mandelbrot set (Jonathan Coulton)
- Die kunst der fuge (Bach)
- La mer (Debussy)
- Canto arena (Silvio Rodriguez)
- Pyramid song (Atomic reversionando a Radiohead)
- Nude (Radiohead)
- Untitled 4 (Sigur Ros)
- Trouble (Elliott Smith reversionando a Cat Stevens)
- Ghosts 34 (Nine Inch Nails)
- Hurt (Johnny Cash reversionando a Nine Inch Nails)
- Snow and Ligths (Explosions in the sky)
- Respeto (dos versiones de Pez)
- Wise up (Ammie Mann)
- Pachelbel MONTAJE (varios artistas retomando a Johann Pachelbel)
